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Cómo respirar salud

Una función fisiológica tan sencilla y esencial para la vida como respirar puede convertirse en el origen de múltiples afecciones y dolencias cuando el aire que se inhala está contaminado. En muchas ocasiones, el enemigo está muy cerca ya que es en el propio hogar o en el lugar de trabajo donde el aire nos perjudica de forma directa y permanente, y condiciona nuestro estado de salud. El siguiente artículo arroja luz sobre la composición del aire en recintos cerrados y propone el uso de un ionizador como método de uso saludable.

Meritxell Cárdaba | 21/12/2011

 

Está comprobado que el aire de un recinto cerrado es hasta 4 ó 5 veces más perjudicial que el de un espacio natural abierto. Pero, diariamente, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo (entre un 70%-90%) en espacios cerrados desarrollando nuestras tareas cotidianas y llegando a respirar de 15.000 a 20.000 litros de aire cada día. A su vez, más del 90% de las partículas presentes en el aire son tan pequeñas e imperceptibles que se introducen con facilidad en el torrente sanguíneo del organismo a través de nuestros pulmones, mucosas y poros de la piel llegando a ocasionar leves o más severas afecciones. Así, el desconocimiento de la existencia de estas partículas y, por lo tanto, de sus consecuencias es la principal razón de que no se tomen medidas ni se emprendan acciones para protegerse.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), las dolencias pulmonares crónicas serán la tercera mayor causa de mortalidad en el año 2020 siendo la existencia de diminutas partículas en el aire que respiramos una de las principales causas de esta enfermedad. Paradójicamente, somos más conscientes de los factores que determinan la contaminación en los espacios abiertos y sus riesgos (aún siendo estos incontrolables), que de la polución interior presente en espacios cerrados que no sólo es evitable sino mayormente controlable. El mencionado 70%-90% de nuestro tiempo que pasamos diariamente en sitios cerrados se corresponde al tiempo que destinamos en el propio hogar, en el trabajo, en centros de ocio... Una tasa muy elevada como para no sentir interés por saber lo que ocurre en nuestro organismo cuando se respira aire de un espacio interior.

A grosso modo, las principales causas de la contaminación ambiental exterior serían:

   - Humos tóxicos (transportes, industria...)
   - Polen
   - Carbono
   - Alérgenos
   - Materiales de construcción
   - Radón...

Obviamente, las posibilidades y recursos de acción frente a estos elementos son muy limitados. Por su parte, las principales causas de la contaminación ambiental interior serían:

   - Bacterias
   - Virus
   - Alérgenos procedentes de animales
   - Ácaros
   - Polvo
   - Humo de cigarros
   - Moho
   - Mobiliario antiguo
   - Sustancias químicas
   - Iones positivos.

Es decir, contaminantes básicamente manejables, siendo los iones positivos, quizás, los más desconocidos y los que una mayor incidencia ejercen en el cuerpo humano.

Dentro de la capacidad de acción del ser humano, existen tres rutinas o procedimientos básicos y muy sencillos que permiten mejorar la calidad del aire que respiramos en los espacios interiores.

Control del sistema de ventilación
Algo tan obvio, es muchas veces delegado. Un espacio interior no sólo debe estar limpio, sino correctamente regulado en cuanto a temperatura y con filtros efectivos para asegurar la calidad del aire que se inhala. Por supuesto una correcta ventilación incluye sistemas exteriores como ventanas u otros dispositivos que permitan la entrada de aire fresco.

Control de las fuentes de contaminación.
En primer lugar, es necesario estudiar el espacio cerrado e identificar posibles fuentes de contaminación como pueden ser mohos o humedades, partículas que procedan de mobiliario antiguo, hábitos inadecuados en ese espacio (como el tabaco)...

Instalación de un ionizador
Finalmente, un tercer paso que no sólo complementa los dos anteriores sino que es capaz de suplir la carencia de alguno de ellos. Un ionizador es el sistema más efectivo para reducir la concentración de partículas, por lo que es necesario escoger un ionizador de alta eficiencia, silencioso y con las propiedades adecuadas a nuestras necesidades.

Básicamente, un ionizador es un aparato eléctrico que produce partículas cargadas negativamente (iones negativos), beneficioso para el equilibrio fisíco-psíquico de las personas, ya que ayuda a restablecer o a mantener un bienestar general. Pero es necesario conocer cuál es su funcionamiento en detalle para poder entender la forma en la que puede reportar ese beneficio al cuerpo humano.

Los ionizadores realizan una función de tratamiento del aire que respiramos en el hogar, nuestro lugar de trabajo o en cualquier otro sitio cerrado. ¿Pero qué compone el aire y realmente no vemos aunque sí percibimos de forma indirecta? El aire se compone esencialmente de un 78,03% de nitrógeno en volumen más un 20,99% de oxígeno también en volumen. El restante 0,98 % corresponde a otros elementos: argón, neón, helio, metano, óxido nitroso...

 

De forma más específica, el aire está formado por moléculas de diferentes gases. Estas moléculas están formadas, a su vez, por átomos.

 

 

Los átomos tienen un núcleo formado por PROTONES (partículas con carga positiva) y a su alrededor están los ELECTRONES (partículas con carga negativa). Por defecto, los átomos son neutros porque existe igual cantidad de protones que de electrones y las cargas positivas y negativas se anulan mutuamente. Al extrapolar esta neutralidad, las moléculas también son, por principio, eléctricamente neutras, ya que al unirse varios átomos se compensan entre ellos siendo el resultado global de la molécula neutro.


Ahora bien, cuando un átomo o una molécula pierde electrones (partículas negativas) queda cargada positivamente porque predominan los protones (partículas positivas). Entonces, se denomina Ión positivo. A la inversa, cuando se pierden protones y predominan los electrones (o cuando se captan más electrones), surgen los Iones negativos. Y es precisamente esta ausencia de neutralidad el origen de muchas afecciones del cuerpo humano, ya que el predominio de iones positivos en el aire altera el equilibrio humano y origina determinadas dolencias y/o estados de ánimo. La concentración normal de iones en el aire se sitúa entre 1.000 y 2.000 iones por centímetro cúbico y los desequilibrios eléctricos del aire influyen en los sistemas coloidales (sangre y savia) y en el cerebro, modificando su comportamiento eléctrico y la producción de hormonas.
 

AIRE IONIZADO POSITIVAMENTE

La permanencia durante un tiempo prolongado en un recinto descompensado e ionizado positivamente puede producir: dolores de cabeza, cansancio/debilidad, nauseas, mareos, irritación de ojos y/o nariz, tos, congestión, dificultad para respirar, fiebre, estornudos, escalofríos, irritación de la piel, infecciones, disminución de las defensas y debilitamiento del sistema inmunitario...

Algunos expertos también relacionan la ionización positiva de un espacio como una posible causante (entre otros aspectos) de la liberación de la serotonina mediante el aumento de la secreción de catecolaminas (son las denominadas hormonas del estrés, entre las que destaca el cortisol como la más perjudicial). La Dra María del Carmen Santos, diplomada en Sanidad Ambiental, en su “Introducción a la Ionización” de España, expone:

"Toda persona con padecimientos psico nerviosos, similares a depresiones, jaquecas, estrés e insomnio, presenta una elevada concentración de serotonina en la sangre. Esta hormona se agrega cuando el individuo está sometido a situaciones extremas de tensión o se desarrolla en un medio hostil y agresivo. (…) La superación de las citadas alteraciones se logra con la disminución del nivel de serotonina en la sangre, lo que se consigue mediante la actuación de la enzima mono-amino-oxidasa (MAO), que tiene un efecto similar al conseguido con el Valium o cualquier otro tranquilizante. (…) Una de las acciones más destacadas de los iones negativos es su influencia en la liberación de la enzima antes citada (MAO) que, según se ha dicho, es la vía de eliminación de la serotonina. (...) Se ha demostrado experimentalmente que toda persona que se mantenga en una atmósfera con predominio de iones negativos logra en los dos primeros días una reducción del 25% en el nivel de serotonina en la sangre."

Algunos causantes de desequilibrios iónicos son de muy difícil (sino imposible) evitación como:
   - Tormentas
   - Corrientes telúricas, que provocan la subida en las casas de cantidades importantes de radón.
   - Radiactividad natural (principalmente de radón)
   - Fases lunares (no en vano las fases de la luna también afectan a las mareas, los estados anímicos y la germinación de las plantas)
    - El viento, normalmente los cálidos y secos.
    - Contaminación atmosférica...

 

 

Mientras que otros causantes de un aire ionizado positivamente sí son evitables como las fibras sintéticas de algunos tejidos o las pantallas (TV, ordenador, consola...), aparatos eléctricos, uso de tubos fluorescentes para iluminar, sistema inalámbricos WI-FI, fuentes de producción de ondas electromagnéticas...

 

En muchas ocasiones, personas que sufren afecciones como todas las citadas en párrafos anteriores intentan tratar los síntomas sin conocer las causas que los originan o bien, aún buscando el origen de su mal, no se dan cuenta de que quizás se encuentra más cerca, en el entorno que respiran día tras día y hora tras hora. Como ya se ha comentado, en este sentido juega en contra el desconocimiento de la existencia de estas partículas, ya que no son visibles ni detectables fácilmente, así como sus efectos.

 

 

 

 

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