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¿Por qué es imprescindible que las abejas no se extingan?

por | 20 May 2020 | Ecología, Reportajes

Índice del reportaje: 

Retrato de una abeja
La Polinización
Gravedad del tema
Causas de la disminución progresiva del número de abejas

Las abejas… esos bichitos que suponen un incordio cuando revolotean alrededor nuestro. De los que huimos o espantamos para evitar que nos piquen. Las abejas… esos insectos de los que conocemos que son responsables de la miel en nuestras despensas y del propóleos que refuerza nuestro sistema inmunológico. Y las abejas… esas de las que de repente se habla a menudo y se dice que su desaparición podría ocasionarnos un grave perjuicio en nuestras vidas. Pero, ¿por qué? Aparentemente insignificantes en tamaño, su función es vital y es lo que vamos a desarrollar en este reportaje, para entender en qué medida su existencia o extinción es vital para nuestra vida.

 

Para esbozar el retrato de una abeja, empezaremos aludiendo a su familia: existen más de 20.000 especies de abeja, se encuentran a lo largo de todo el mundo donde estén presentes plantas que florezcan y la variedad Apis mellifera, comúnmente denominada Abeja europea, es la que todos tenemos en mente cuando pensamos en estos insectos. Físicamente, una abeja tiene seis patas, dos ojos, dos alas, un abdomen donde albergan la bolsa para el néctar (que recibe el nombre de buche melario) y dos antenas que actúan como olfato, oído.

A excepción de algunas variedades o especies (por ejemplo, la metálica verde, que pertenece al género Agapostemon y suele ir por libre y en solitario), las abejas son seres vivos sociales que viven en colmenas compartiendo espacio con un gran número de compañeras. Dependiendo del entorno y las condiciones ambientales y climatológicas en las que se ubique, la colmena puede acoger desde unas 15.000 hasta 75.000 abejas. Y dentro de ella, la jerarquía está establecida de una forma clara, rígida y siguiendo un patrón piramidal: abeja reina, zánganos y obreras.

 

Abejas obreras trabajando en las celdas de la colmena

La función de la abeja reina, en tanto que la única hembra fértil, consiste en aumentar el tamaño de las colmenas por medio de la reproducción. Sus huevos fecundados provocarán el nacimiento de las hembras obreras que suponen el sustento y la base del sistema piramidal; y los huevos no fecundados de la abeja reina darán lugar a abejas macho fértiles, los zánganos. La función de estos últimos consiste en fecundar a la abeja reina (o intentarlo, si no mueren antes). En total, cada hembra reina puede poner entre 2.000 y 3.000 huevos al día en la época adecuada. En cuanto a la longevidad…. una abeja reina puede vivir de media unos tres años, los zánganos hasta tres meses y las obreras, unos 45 días de media. Cuando es necesario seleccionar una nueva abeja reina (porque la existente ha disminuido su capacidad de procrear o bien porque ha muerto) son las propias abejas trabajadoras quienes eligen a una nueva, a la que ya han escogido previamente, desde los primeros días de su nacimiento, y han establecido su futuro status al alimentarla con mayores nutrientes que al resto de larvas (con jalea real, en vez de con polen).

 


¿Sabías que…?

La Melisa es una planta originaria de la cuenca mediterránea de intenso aroma a limón y a la que se le atribuyen propiedades medicinales. Pero además… Melissa significa “miel” en griego y el aceite esencial de esta planta desprende un aroma similar al de las hormonas de las abejas durante el apareamiento. Así que los apicultores, bien perspicaces, suelen plantar melisa cerca de las colmenas cuando quieren obtener un nuevo enjambre.


 

Hasta aquí el contexto necesario para entender lo que viene a continuación. Con la abeja reina dedicada íntegramente a procrear y los zánganos dedicados a fecundar a la hembra reina y también a cuidar en ocasiones de las crías de abeja, son las abejas obreras (mayores en número) quienes se dedican a la Polinización. Y es en este punto donde ya empieza a vislumbrarse la acción de las abejas sobre el ecosistema y, por ende, su impacto en el mundo que nos rodea como humanos.

No es necesario rescatar los libros del colegio para recordar lo que era la polinización, porque aquí lo vamos a exponer de forma breve y clara. Polinizar consiste, en palabras llanas, en el proceso en el que una abeja recoge néctar, o bien néctar y polen, de una flor y luego se traslada a otra para hacer lo mismo. El intercambio de polen provoca la fecundación de las flores para que éstas produzcan las semillas o germinen y generen frutos. Algunas cosechas de alimentos son capaces de polinizarse de forma autónoma pero su producción aumenta considerablemente cuando son polinizadas por insectos. En cambio, otras dependen por entero de la polinización de insectos para producir fruto. En esta línea, ya atisbamos las consecuencias que supondrían la extinción de las abejas, pero es sólo un apunte en el que se ahondará más adelante.

Las abejas se orientan con el sol ya que sus movimientos y recorridos aéreos están en consonancia con los movimientos solares. Asimismo, también la época de cría y fecundación se ve afectada por las condiciones ambientales. En el exterior de la colmena, cuando una abeja detecta alimento exhibe una especie de danza aérea que informa a sus compañeras de la localización de las flores. Una vez en la flor, la abeja se alimenta a sí misma de néctar y también lo almacena para producir posteriormente miel y cubrir las necesidades de las crías de su colmena. En esa misma flor, la abeja ha recogido polen en sus patas y éste también se ha quedado impregnado en su cuerpo velloso. Cuando la abeja vuela a otra flor en busca de más néctar es cuando se produce la polinización, al trasladar el polen con ella.

 

Hablemos un poco de cifras para poner en perspectiva todo este trabajo de las abejas obreras.

  • La abeja europea, Apis mellifera, que se ha mencionado antes, puede desplazarse según diversas fuentes en un radio máximo de 3 km, de 6 km (¹) ,9,5 km (²) y hasta 13,5 km (³) desde la colmena. Conclusión: ante la falta de alimento, una abeja no puede recorrer decenas de km en busca de néctar para nutrirse a ella misma y a su colmena.
  • Una abeja puede llegar a visitar para alimentarse, y como consecuencia polinizar, entre 50 y 100 flores al día. Normalmente, de la misma especie vegetal.
  • Durante toda su vida, una abeja producirá el equivalente a 1/12 parte de una cucharadita de café de miel. Para poder llenar una cucharadita entera (es decir unos 4ml de miel) será necesario el trabajo de todo la vida de unas 10-12 abejas. Conclusión: para llenar un tarro de miel, imaginad el trabajo y la cantidad de abejas necesarias (más de 2.000).
  • Actualmente, las abejas están muriendo a un ritmo anual de un 35% sobre la población total.

 

Y, ahora sí, tras esbozar todo el contexto anterior y apuntar algunas líneas, a continuación se exponen las graves consecuencias que supondría (y, de hecho, empieza a suponer) la extinción de las abejas. No es tanto un listado cuantitativo, sino cualitativo, en el que cada efecto tiene drásticas consecuencias posteriores como si de una onda expansiva se tratara.

Más del 75 % de los cultivos alimentarios del mundo dependen en cierta medida de la polinización. Los polinizadores, como las abejas, mariposas, pájaros, polillas, escarabajos e incluso los murciélagos, ayudan a que las plantas se reproduzcan”. National Geographic (*)

Y si miramos más cerca y detalladamente, en nuestro país…

En España, los cultivos sometidos a polinización por abejas son principalmente los árboles frutales (almendro, melocotonero, cerezo, ciruelo, manzano, peral), las leguminosas forrajeras (alfalfa, trébol), las cucurbitáceas (melones, pepinos, calabazas, calabacines, berenjenas) y otros cultivos hortícolas (fresas, frambuesa, espárragos, zarzamora, tomate), las plantas para la extracción de aceite (girasol, colza), las fibras textiles (lino, algodón),  entre muchas otras, constituyen una lista parcial de vegetales que dependen necesariamente o al menos se ven favorecidos por la acción polinizadora de las abejas. De hecho, resultaría más sencillo citar solo los vegetales que no se ven beneficiados por la acción de las abejas.” Fundación amigos de las Abejas (**)

Datos claramente desalentadores. Y si bien es cierto, tal como se comentaba en líneas anteriores, que algunas plantas son capaces de fecundarse de forma autónoma (por ejemplo, las tomateras) la cantidad de alimentos que dependen de la polinización de los insectos es proporcionalmente muy superior. Sólo es necesario imaginar una visita al supermercado y encontrar vacíos los puestos donde deberían estar las manzanas, melones, almendras, melocotones, cerezas, peras, el aceite de girasol, cebollas, aguacates, zanahorias, mangos, limones, pepinos, apios, coliflores, calabacines, berenjenas, puerros, brócoli… y la lista seguiría.

Si nosotros, personas humanas, no podemos consumir todos esos alimentos porque no se han producido a causa de la omisión de polinización en la naturaleza… en ese mismo ecosistema sin esos vegetales, ¿de qué se van a nutrir los animales herbívoros? Efectivamente, estos podrían desaparecer al no encontrar alimento. De nuevo, reacción en cadena… Si los animales herbívoros se extinguen, al no poder sobrevivir, ¿de qué se van a alimentar los animales carnívoros? Volviendo al supermercado: sin vegetales, ni proteína animal, ¿de qué nos vamos a alimentar las personas? La reducción de opciones es enorme, porque la cadena trófica se habría roto. Y el origen habría sido la extinción de las abejas.

 

Además, muy importante, en nutriSapiens más que nadie somos conscientes de las innumerables propiedades y beneficios que poseen la miel, el polen, el propóleos y la jalea real para nuestro organismo. Y, de hecho, por eso hemos articulado todo un sistema alrededor de estos productos. Porque valoramos el trabajo de las abejas y reconocemos el valor natural de esos productos y todas sus propiedades.

No olvidemos, por tanto, que la extinción de abejas también provocaría que tuviéramos que prescindir de fitoterapia, remedios naturales, complementos alimenticios, soluciones a base de plantas y flores, infusiones…. ¿y entonces? ¿volver a remedios químicos de laboratorio para cuidar nuestra salud, donde lo natural quedaría relegado frente a lo sintético?

 

CAUSAS DE LA DISMINUCIÓN PROGRESIVA DEL NÚMERO DE ABEJAS

El calentamiento global y la contaminación del aire. Y, en este sentido, hay una parte que escapa a nuestro control pero hay otra en la que sí tenemos poder de acción y sobre la que debemos ser más conscientes, para que nuestras acciones diarias vayan en consonancia con un respeto extremo al ecosistema y a toda la diversidad de fauna y flora existente. Porque las abejas no son las únicas afectadas por el cambio climático, sino otros animales que ya se encuentran en peligro de extinción.

El progreso de la industrialización y el desecho de sustancias tóxicas. Es cierto que las grandes corporaciones deben optar por un modelo de negocio respetuoso con el medio ambiente minimizando los daños que se puedan ocasionar. Pero, de nuevo, existe también una parte de responsabilidad individual en este sentido, en cuanto a la gestión propia de residuos, la exigencia al gobierno para que tome medidas adecuadas y se respeten, el fomento y reconocimiento a las empresas eco-friendly

El uso de pesticidas y productos contaminantes. El uso de este tipo de productos en las cosechas desde los años 90, con el fin de evitar o erradicar plagas, afecta directamente a las abejas. Numerosos estudios demuestran cómo estos productos químicos afectan a la memoria, sentido de la orientación e incluso al cerebro de las abejas, impidiéndoles realizar sus funciones naturales.

Enfermedades propias de las colmenas. Como hongos, parásitos o el Síndrome de despoblamiento de las colmenas (***) que se está experimentando desde hace casi una década.

Además de las mencionadas en el listado de causas de la extinción de las abejas, otras acciones que podemos llevar a cabo para evitar un agravamiento de la situación son: consumir productos de comercio próximo y ecológico, respetuoso con el medio ambiente; mantener hábitos respetuosos con el medio ambiente como el reciclaje o la no-destrucción de pequeños ecosistemas; obviamente no matar ni atacar abejas (ellas por sí solas no atacan) y hacer uso de las opciones disponibles si nos las queremos cerca (informarnos, avisar a apicultores…); para quien lo desee, cultivo de huertos urbanos; o, un paso más allá incluso, quien disponga del entorno natural adecuado puede introducirse en el maravilloso mundo de la apicultura. Pero ese tema, lo dejamos para otro reportaje…

 

Fuentes:

(1) Abejapedia
(2) British Ecological Society
(3) The Social Behavior of the Bees: A Comparative Study. Charles Duncan Michener,Harvard University Press, 1974

(*) National Geographic
(**) Fundación amigos de las Abejas
(***) Planetahuerto.es

Ecocolmena
Whole Foods Market USA

Fotos: Dreamstime

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